(Montserrat Coll-CR) Sorprende gratamente en un Papa la actitud de Francisco, como la que explica en la entrevista: dónde y cómo vive; que se defina como un pecador y confiese que ha sido autoritario, que es indisciplinado y que se distrae rezando; que necesite convivir con los demás, que hable un lenguaje comprensible y sin rodeos. Todo ello, con su mirada y su sonrisa, inspira confianza y lo hace creíble. Y sus intenciones nos pueden llevar a una revolución y una conversión del Iglesia que ya hace demasiado tiempo que es urgente.

Suenan nuevas y balsámicas en un Papa de los últimos años ideas teológicas propias de nuestros sacerdotes del Vaticano II, acompañadas de su sabiduría humana y cristiana: Dios es siempre una sorpresa, no se encuentra con toda certeza, la Iglesia es Pueblo de Dios y no grupito de selectos, es equivocada un visión monolítica de la doctrina de la Iglesia; primero hay que anunciar el Evangelio, las consecuencias morales vienen después, la comprensión del hombre cambia, y la ciencia le ayuda; hay preceptos eclesiales ahora sin valor ni significado, la Iglesia debe acercarse a los que se fueron y los indiferentes, la profecía hace ruido y no coincide con la estructura jerárquica; hay que reconocer el don de la espíritu en los otros; hay que dar valor a las cosas pequeñas en el marco de los grandes horizontes, etc.

Aunque utiliza algunos esquemas desfasados de la sensibilidad actual -como que hay que acompañar al rebaño-, hay correctivos en su propio discurso-como que tienen que caminar juntos la gente, los obispos y el Papa-.

Y si bien habla de hacer una teología de la mujer, puede darse cuenta, coherente consigo mismo, y ya que ve la necesidad de estar insertado en el contexto sobre el que se reflexiona, que lo que hace falta es escuchar la teología hecha desde las mujeres. Me preocupa que piense en un lugar específico de la mujer y que diga que no se debe confundir la función con la dignidad: puede ser un subterfugio para mantener la ordenación reservada a los hombres y, sin quererlo, la autoridad masculina, pero también entiende que, el sentido de la fe, lo tiene todo el Pueblo que camina, y valora las consultas reales, la escucha y el diálogo. Todo ello es muy esperanzador.

Montserrat Coll i Calaf es profesora de instituto y fue directora general de Asuntos Religiosos

http://www.catalunyareligio.cat/es/articles/46338

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