(Josep Miquel Bausset/CR) Este lunes 12 de agosto se cumplen 100 años del nacimiento del cardenal Narcís Jubany, obispo de Girona y arzobispo de Barcelona entre 1972 y 1990.

Obispo plenamente conciliar y montiniano, Jubany afirmaba que "el alejamiento de la Iglesia en relación con el franquismo, fue posible gracias al Vaticano II" y por eso, durante las sesiones del Concilio en las que participó, el obispo Jubany apostó claramente por el aggiornamento. En una intervención suya en el aula conciliar el 15 de octubre de 1963, el obispo Narcís defendió en nombre de doce obispos españoles la colegialidad episcopal de la Iglesia: "La estructura jerárquica es primacial y colegial al mismo tiempo, desde el punto de vista teológico y jurídico". Esto causó una gran indignación en la mayor parte del episcopado español, profundamente franquista. Años más tarde, el cardenal Jubany recordaba que al salir del aula conciliar, "nuestros hermanos en el episcopado se esforzaban por saber quiénes eran aquellos obispos traidores".

Hombre entrañable, muy inteligente y dialogante con todas las sensibilidades del arzobispado de Barcelona, el cardenal Jubany, un hombre brillante, tenía una notable formación jurídica (como buen canonista) pero revestida de una gran humanidad. Por eso se quejaba de que "el Derecho Canónico alguna vez ha hecho daño a la gente".

El cardenal Jubany sufrió, debido a que tenía un ideal de una Iglesia más democrática y más sensible a los problemas de la sociedad. Apoyó los curas obreros de los suburbios e incluso pagó algunas multas que les imponía el franquismo.

Su sabiduría y su prudencia dejaron una fuerte impronta en la Iglesia de Barcelona. Además sabía confiar en los demás, hasta el punto que decía: "Yo no sé de todo".

Hombre de diálogo, el 1 de enero de 1977, en la homilía de la Jornada Mundial por la paz, el cardenal Jubany se añadía a la petición de una amnistía, "un deseo que yo comparto".

El canónigo Josep Maria Martí Bonet recordaba que el cardenal Jubany y él mismo, se reunían cada mes con el cardenal Tarancón y el padre Martín Patino (en un lugar discreto) para perfilar líneas de actuación conjuntas. Como ha dicho el canónigo Martí Bonet, el cardenal Jubany "sabía mirar a los ojos" y "con una actitud sinodal, colaboraba y confiaba con sacerdotes, religiosos y laicos".

A finales de 1971 fue nombrado arzobispo de Barcelona, para sustituir a D. Marcelo, después de la campaña "Queremos obispos catalanes" y fue nombrado cardenal por el Papa Pablo VI el 5 de marzo de 1973. Sus contactos con obispos de otros países, le dieron una visión abierta y ecuménica de la Iglesia y, con Tarancon, tuvo un papel clave durante la Transición. Jubany, de línea claramente montiniana, fue uno de los obispos catalanes que participó en la redacción del documento "Raíces cristianas de Cataluña", de 1985.

En sus 18 años como arzobispo de Barcelona, recuperó el ministerio del diaconado permanente (restablecido y renovado por el Vaticano II) y convocó en 1981 la Asamblea Diocesana para dialogar entre las diversas formas de pensar, sobre la problemática de la Iglesia. Una de las obras más destacadas de Jubany fue la creación en Barcelona de la Universidad Ramon Llull. También propició un diálogo entre la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. Así en la Eucaristía de la fiesta de la Merced de 1982, el cardenal Jubany pide al presidente Pujol y al alcalde Maragall, "un lenguaje noble y sin ultrajes", y en 1989 exhortaba a "una buena inteligencia entre la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona".

Solícito por Montserrat, que "siempre ha sabido estimar a Cataluña y a los catalanes", el cardenal Jubany subía cada año el 27 de abril, para presidir la misa conventual, el día de la patrona de Cataluña. El 1 de abril de 1989, el cardenal Jubany presidía la bendición abacial del padre Abad Sebastià Bardolet. El cardenal decía: "Padre Abad: Recuerde que es abad, no sólo de un monasterio ilustre por su historia y por su guía espiritual, cultural y litúrgica, que de siglos ha ejercido, sino también, de este monasterio que es custodio de la imagen entrañable de la Virgen de Montserrat. Ella es el corazón y el alma de Cataluña y celestial patrona de las diócesis catalanas".

Nacido hace 100 años en Santa Coloma de Farners el 12 de agosto de 1913, en el seno de una familia humilde, Narcís Jubany Arnau estudió en el seminario de Barcelona. Ordenado sacerdote el 30 de julio de 1939 y destinado de vicario a Piera, pronto fue enviado a ampliar estudios en la Universidad de Comillas, donde obtuvo el doctorado en Derecho Canónico. Posteriormente en la Universidad Gregoriana de Roma, se doctoró en Teología. Fue profesor de Derecho Canónico en el Seminario de Barcelona, viceconsiliario de los Jóvenes de Acción Católica y consiliario de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas.

Canónigo de la catedral de Barcelona, el 24 de noviembre de 1955 fue nombrado obispo auxiliar de Barcelona (con el arzobispo Modrego) y en 1964 obispo de Girona, donde desplegó una gran actividad, sobre todo en la renovación pastoral y litúrgica. Participó activamente en el Concilio Vaticano II, con algunas intervenciones suyas que fueron decisivas en el grupo de los padres conciliares progresistas y tuvo problemas con las autoridades franquistas, sobre todo por sus palabras en catalán, en la fiesta de Corpus de 1969.

Después de 18 años en Barcelona, el 23 de marzo de 1990 se le aceptó la dimisión de la sede barcelonesa, que ocupó el entonces obispo de Tortosa Ricard Maria Carles.

El cardenal Jubany murió el 26 de diciembre de 1996, después de haber vivido los últimos años de su vida, de una manera sencilla, en la residencia de los hermanos Camilos en el Guinardó de Barcelona.

Fue el P. Josep Maria Aragonés, en la Eucaristía del entierro del cardenal Jubany, quien lo definió como un hombre que sobresalía "por la sencillez, la austeridad y su carácter pacificador".

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